Siempre me gustó escribir en un bloc de notas. El fondo blanco, sin medidas en las extremidades, todo simple, como siempre me ha gustado, un lienzo blanco sobre el cual plasmar mi alma con variados colores de sentimientos. Sí, así siempre me ha gustado.
No es algo que me reprocho, es algo que quiero decretar. A veces pienso que todo lo que soy está desapareciendo hasta convertirse en nada. Los colores de mi paleta se están mezclando, y poco a poco, evaporizando en el aire contaminado de la insensibilidad. No sé qué hacer al respecto. Todos los acontecimientos a mí notos durante estos meses han hecho de mí esta grande muñeca de cristal con una coraza vacía por dentro. He crecido, sí, pero mis sentidos, por más agudizados, se han ido
entumeciendo, como en la necesidad de no sentir nada, ni gustar nada, ni oler nada, ni oír nada, ni ver nada.
Sobretodo ver. Si bien mis ojos se cierran automáticamente al brotar la luna por la ventana, embelesados por su sonrisa brillante y cautivadora, no logro cegar completamente las córneas de mi mente. Estoy cansada de explorar por las mil y un carpetas de mis archivos catalogados muy sistemática y ordenadamente como hago con todo en mi vida, por año, mes, día, fecha y hora. Es como una constante necesidad a enfatizar mi buena memoria para las pequeñeces. Es por eso que estudio idiomas, sí, por la habilidad de asociar una palabra con otra, así como asocio mentiras a rostros de personas y sonrisas inocuas a gestos impredecibles.
Dichas imágenes tienen vida y eco propio. Bombardean mi masa gris de puras apariciones del pasado, presente y tal vez del futuro. Los sueños de noche se están convirtiendo en una extraña novela de Cortázar relatada como en el segundo orden que propone en Rayuela, empezando desde un suceso inexistente como por el capítulo 73 y volviendo a memorias -o recuerdos creados- del principio. Por más lujuriosos y jocosos que parezcan, están tormentando mi realidad con una fantasía distorsionada.
Poco a poco voy recordando y a la vez olvidando lo que en mí ocurría cuando me encontraba en una situación como la de ahora. A veces no logro distinguir entre si me imagino lo que recuerdo o me acuerdo de lo que imaginaba. La cosa se va volviendo complicada mientras cada vez más me voy entumeciendo...
Por eso mismo me gustaría tomar como un receso de mí misma, mis pensamientos, mis ocurrencias, de mi yo. Deseo esfumarme y a la vez permanecer en este estado material con el que venimos al mundo.
Pero no habrá día u hora o año en donde algo vaya como planeado. Por más que uno intente, hay cosas que no podemos controlar.
En estos momentos estoy pasando por algo similar. La cerradura oxidada de un pasado inevitable se abrió de par en par hace un par de días, sacando del baúl todos los llantos reprimidos del otro sin cesar. No pedí por ello. Sólo ocurrió. Y ahora me encuentro en una extraña lucha entre estar feliz por haberme alejado de esa cadena que me tenía atada al más reciente precipicio, pero a la vez asustada por lo que me espera en el refugio del otro. Son dos individuos a los que hay que asesinar y enterrar nuevamente, como cuerpos moribundos que recobran una vida putrefacta para saldar cuentas sin siquiera querer pagarlas. Pareciera que el pasado nunca descansa... nunca...
Y es que ahora que esa cerradura de hace más de tres años se volvió a abrir, siento como esa necesidad de que me ames de nuevo, de que pidas perdón de rodillas y me regocije de cómo te humillo con ternura. Sentir una alegría despiada por tu arrepentimiento...
Escríbeme. Búscame. Vuelve. Ámame. Ámame de nuevo, para poder así comprobar que ya no escucho las gaitas celtas de antaño al sentir tu piel blanca rozar contra la mía... al morder el tumor cancerígeno de nuestro amor desgastado y enmohecido por las mentiras fallidas...
Libérame.
-
Mood:
Lonely -
Listening to: Cars in the street
-
Reading: My words
-
Watching: My PC
-
Playing: with my life
-
Drinking: nothing, actually I'm thirsty